miércoles, 28 de agosto de 2019

EL FANTASIOSO

¿Qué más añadir de esta ilustre figura literaria? Pues
que este dibujo me salió este mediodía de un arrebato
repentino de inspiración

Acomplejado por sus humildes orígenes, y libre en una alta sociedad que aspiraba a ser la aristocracia republicana norteamericana, EDGAR ALLAN POE usó su prodigiosa imaginación para falsificar unas raíces cargadas de conspicuo prestigio (si procedía de BENEDIT ARNOLD, que si tenía antepasados de regio abolengo español, que si una ilustre vena escocesa del Duque del Lago Ness, que si…) que le permitieran competir, desde su debilidad, en ese mundo de petimetres de buena posición y afilada lengua que podían espetarle su nacimiento de pobres actores itinerantes, exhortándole: ¡Largo de aquí, Poebretón! Careces de todo abolengo hasta para servirnos el café. Luego sonaría el bofetón con el guante y el duelo al amanecer, demandado proceder de su Sociedad.

Un mecanismo de defensa, no un desesperado afán de atención, que, empero, eludía el lloriqueo. Sus fantasías eran honestas, pese a su falsedad. Hombre valeroso, no buscaba el apoyo acosador de putas y bujarrones para dirimir sus conflictos. Y, siendo autor de calidad, cuando se ponía a inventar, no urdía basura del estilo de tener hermanos bastardos por medio mundo. O haber sido violado de niño en descampados u hospitales. Nada de, no sé, una obesa niñez torturada por los compases de sus compañeros de clase. O quizás una madre prófuga, desertora, que obligara a la abandonada familia a emigrar a Chicago, forzando al padre a abrir una agencia teatral, mejor que de privates detectives, con el disléxico niño Edgar haciendo de apuntador de los actores Asperger. Menos, inverosímiles historias de hermanas tísicas tiradas por el suelo gritando, o cuñados con recortadas merodeando la casa… un tío abuelo quemaiglesias… No, no. Purria plebeya, no. Poe tiraba a la nobleza. No a la “mariconeza”.

Dan hondo ASCO, y ganas de partear sus caras de cabrones, los fantasiosos que recurren al cobarde victimismo de afirmar padecer raras enfermedades, físicas o mentales, o que es un pobrecito espíritu suicida sensible-perseguido-acosado, para engañar al prójimo, tenerlo rehén pendiente del lastimero falsario continuamente.

Eso es solicitud desmedida de notoriedad de un ego mínimo-nimio que necesita, como consejos para una vida mejor, tener gente atenta de su mierda para poder soportar su insignificancia. Poe no tramaba tales sórdidas artimañas. Ni GUSTAVO ADELFOS BÉCQUER, oye. Pero habrá aspirantes a góticas sad copys de Poe, con su absenta, láudano y sus roperos forrados de poemas, que seguro sí proceden así. Porque ¡hay tanto “hombre misterioso” por ahí, fingiéndose el impotente, para dar pena penita pena…!