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| Portada a lo SIN CITY, algo que busqué deliberadamente. Como para reafirmar la noir naturaleza de la historia. Autor: el autor del libro |
El libro que tendrá en sus manos (caso de
adquirirlo) noveliza mi guión cinematográfico de 1998. Por eso su estructura es
tan directa, fuerte y visual. Aunque lo “visual” siempre ha destacado mi
literatura. Normal, en un ilustrador, que también a través de la palabra
procure dibujar. Esto de “visual” ha molestado a bastantes editores. Uno me lo
confesó. Él lo hallaba atractivo, empero no a sus compañeros.
Gringa Linda es novela noir con todos sus
elementos clásicos del género “actualizados” a los Años 80, década recurrente de
otras de mis novelas, como RECALIBRADOS o SOGUETTO. Aun LAS
GRAVES PLANICIES tiene referencias a la Década Prodigiosa.
Iluso, pensé que una novela antípoda a mis
usuales distopías me granjearía un mayor interés editorial. Lo noir
vende… o eso dicen. (También los zombies, y para cuando presentabas tu novela
de pútridos, resultaba que AHORA molaban los licantros… Para cuando cambiabas
“pútridos” por “pelusos
pleniluniales”, imperaba la moda de los adolescentes nósferos… o los chavales-planta.)
Gringa Linda no sedujo el interés de esas grandes
editoriales que miran la ciencia ficción repelidas, pese a la clara que está su
tendencia policíaca: la atractiva femme fatale que utiliza infinitos
recursos de embuste y seducción para salir triunfante, el fracasado que procura
un redentor destello final de gloria, el feo matón encoñado de la perturbadora fatale
y el Malo. El Malo con M mayúscula.
Tratándose del Mal, inevitables eran los
HERMANOS FORSON. Ya sabéis: trabajo con una convincente cuadrilla desde siempre
y mantenemos una estupenda/fluida comunicación. Mas los tenebrosos hermanos
Forson sólo hacen un… cameo. Se explayan los HERMANOS FÁTIMA en su lugar.
Calibres noventa, gente de peso. Quienes los conocéis, ya sabéis a qué me
refiero.
Confieso comparto con STEPHEN KING
(¡aclamad al escritor!) fijación por una época específica. Para King, los 50 (debieron
ser sus 80). Lo mío, los 80. Los viví en un momento de transición, de encarar
el futuro (aún sigo haciéndolo), y admito me refugio en los 80 porque entonces éramos
LIBRES. Hoy nos oprimen por doquier quienes más proclaman están liberándonos. No era una época milagrosa,
mas sugería un futuro de verdad espléndido. Nos correspondía edificarlo. Rebosábamos
de juventud, energía, pop y rock, y un cine inmortal cuyo eco reverbera en la
actualidad con sones de GLORIA.
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| Contraportada. DUANE sin su careta de víctima. Se ha conseguido que el libro, puesto de canto, ¡parezca una vieja cinta VHS! |
Gringa Linda no puede contextualizarse. El contaminante fasciWOKE esclaviza todo a extremos delirantes.
El lenguaje que empleo, habitual entonces, es tóxico ahora (o eso dicen), y sin
duda un escalofrío de pánico estremecería a esos editores al leerlo. Los actuales
escrúpulos producen paranoias que mutilan la libertad creadora. Anda el autor más
preocupado del “qué ofenderé si…” que de la calidad de su trabajo. Lo cual la rebaja.
Y el lector, usuario final, recibe un sucedáneo de una descarga de adrenalina en
vez de dicha adrenalina.
Década 80 es un santuario. Liberado allí,
expresas lo que sabes es correcto. Un brutal maleante de lo más sórdido no
puede moderar sus expresiones por si “ofende a…”. Lo suelta, y rompe tu cara si
protestas. El impositivo fasciWOKE neurotiza
al público.
Sobre la freakie DUANE… amigo. Te cautivará. Retorcida, hermosa, cabalística… muerte y violencia impregnan su estela, latiendo al ritmo de Disco Inferno.

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