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| No es en absoluto la hostia más fuerte que haya dado BIANCA BLAZE |
Nada cuento extraño a cierto grupo de
lectores (de mi edad, que sólo tenían esa lectura evasiva); los más jóvenes,
atiborrados de píxeles dimanados de las pantallas que les han subyugado,
quedarán entre fríos o aburridos con el siguiente comentario. Cosas de carcas,
pensarán, si todavía el término “carcas” se estila... y conserva su
significado.
Antes, una somera reflexión sobre las
pantallas: los chavales andan esclavizados a esos impactantes juegos de
arrebatadores diseños del mismo modo que, a su edad, era cautivo de las viñetas
de los tebeos Marvel (incluyendo a nuestros MORTADELO Y FILEMÓN, PEPE
GOTEA Y OTILIO, ROMPETECHOS… y algún EL JABATO que también
cayó). Por tanto, en ese sentido, poco puedo reprocharles… salvo que esas historietas
me daban una opción excluida en las consolas: cambiar el final, ampliar la
aventura, ser YO quien llevara ahora las riendas de la historia y los
personajes. (Aún quedaría mucho aprendizaje por delante para poder emprender
esa hazaña, así como saber de las complicaciones legales que intentarlo tiene.)
Ellos ni se plantean esa posibilidad, desbordar
los límites del juego (impuestos por programadores y empresa) y desarrollar por
sí una ampliación o variaciones/versiones de ese juego. Llegado al final (repetitivo,
por cierto), se limitan al press to play, reiniciando una partida que
transcurre por el mismo escenario, o con unos cambios que al poco resultan
familiares.
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| Mira lo contenta que está |
Pueden los videojuegos estimular partes de
su cerebro que los carcas como yo tienen atrofiadas, empero los músculos de la
creatividad, la imaginación y la ambición de cambiar las cosas, hasta mejorarlas,
están por desarrollar. Ni embrionarios, quizás.
Recreo en estas viñetas esas páginas de THOR
o LOS 4 FANTÁSTICOS donde la acción transcurría en extraños planetas
cuyo escenario (el espacio) rebosaba de esas medias lunas que he insertado como
claro homenaje. Me parecían unos añadidos cautivadores e inquietantes, ignoro
el motivo, como pasmoso que Asgard fuese un peñón (no orbe) sin aparente atmósfera.
Estaba claro: sin cielo ni atmósfera… ¡morirían asfixiados!
Mas ahí estaban: alive and kicking para la siguiente ronda de guantazos mortales.

