jueves, 19 de marzo de 2026

BIANCA BLAZE® Y SUS PARAJES CÓSMICOS — EVOCANDO LOS 70

 

No es en absoluto la hostia más fuerte
que haya dado BIANCA BLAZE

Nada cuento extraño a cierto grupo de lectores (de mi edad, que sólo tenían esa lectura evasiva); los más jóvenes, atiborrados de píxeles dimanados de las pantallas que les han subyugado, quedarán entre fríos o aburridos con el siguiente comentario. Cosas de carcas, pensarán, si todavía el término “carcas” se estila... y conserva su significado.

Antes, una somera reflexión sobre las pantallas: los chavales andan esclavizados a esos impactantes juegos de arrebatadores diseños del mismo modo que, a su edad, era cautivo de las viñetas de los tebeos Marvel (incluyendo a nuestros MORTADELO Y FILEMÓN, PEPE GOTEA Y OTILIO, ROMPETECHOS… y algún EL JABATO que también cayó). Por tanto, en ese sentido, poco puedo reprocharles… salvo que esas historietas me daban una opción excluida en las consolas: cambiar el final, ampliar la aventura, ser YO quien llevara ahora las riendas de la historia y los personajes. (Aún quedaría mucho aprendizaje por delante para poder emprender esa hazaña, así como saber de las complicaciones legales que intentarlo tiene.)

Ellos ni se plantean esa posibilidad, desbordar los límites del juego (impuestos por programadores y empresa) y desarrollar por sí una ampliación o variaciones/versiones de ese juego. Llegado al final (repetitivo, por cierto), se limitan al press to play, reiniciando una partida que transcurre por el mismo escenario, o con unos cambios que al poco resultan familiares.

Mira lo contenta que está

Pueden los videojuegos estimular partes de su cerebro que los carcas como yo tienen atrofiadas, empero los músculos de la creatividad, la imaginación y la ambición de cambiar las cosas, hasta mejorarlas, están por desarrollar. Ni embrionarios, quizás.

Recreo en estas viñetas esas páginas de THOR o LOS 4 FANTÁSTICOS donde la acción transcurría en extraños planetas cuyo escenario (el espacio) rebosaba de esas medias lunas que he insertado como claro homenaje. Me parecían unos añadidos cautivadores e inquietantes, ignoro el motivo, como pasmoso que Asgard fuese un peñón (no orbe) sin aparente atmósfera. Estaba claro: sin cielo ni atmósfera… ¡morirían asfixiados!

Mas ahí estaban: alive and kicking para la siguiente ronda de guantazos mortales.