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Cuánto está costando empezar a ser buen dibujante. Al menos, se gana la satisfacción de ver que hay avance |
Poco a poco sigue materializándose esta novela
gráfica que contiene páginas como ésta y que, a futuro cercano, prometen ganar más
calidad. Durante su realización aprecié que había un sutil empero firme avance
en la eficacia del trazo y el entintado. Esta madurez es resultado de una
constante aplicación al trabajo. Horas y horas de dibujo, vaya.
Hoy día afirman que la disciplina, el
esfuerzo, la constancia, están en descrédito. Prospera la generación de lo
inmediato, de que lo tiene todo a golpe de tecla. Los dibujantes se han
convertido en programadores. Permiten a sofisticados programas hacer su
trabajo. Su talento inicial desaparece por un sumidero de molicie e ineptitud.
Pereza, en una resumida palabra.
Desprecian al dibujante tradicional que se
empeñaba todavía en definirse ante el resto de la pléyade de creadores mediante
su línea característica, su firma, huella de identidad. Esos sujetos prefieren
en cambio convertirse en parte de una anodina masa uniforme de programadores
con dotes de ilustrador anulando su sentido del amor propio profesional. Se
convierten en un engranaje anónimo de una industria deshumanizada. Y tan
felices.
Son tan autómatas/automáticos como sus programas de edición.