sábado, 4 de junio de 2022

KEN KELLY FALLECE — DESAPARECE OTRO GRANDE

 

Imagen adecuada, porque refleja la
sensación de desoladora soledad que
deja la noticia entre sus obras

Parecemos condenados a dar estas desagradables noticias sobre la desaparición de importantes autores. Que su medio de difusión fuesen portadas de publicaciones como VAMPUS o RUFUS, por ceñirse a dos domésticas rápidas, no resta importancia al talento que Ken Kelly manifestaba cada vez que plasmaba algún concepto contenido en una de estas revistas.

De hecho, quitando el esclavizador efecto del mal del coleccionista, era el anzuelo como te lanzabas, o decidías, a comprar ese número. Gran variedad de artistas exponía su trabajo en las cubiertas, cierto. Empero cuando veías una de Kelly (ya empezabas a saber discernir entre unos u otros, como sucediera entre JACK KIRBY, JOHN BUSCEMA o HERB TRIMPE), enseguida la coleccionabas porque estabas ante otro trocito de talento, digno de ser enmarcado con todo rigor.

Confieso que, pese a ciertos prácticos aspectos, recelo de Photoshop y las tabletas, los programas de edición gráfica en general. Me aferro al trabajo tradicional. Porque el que controla soy yo, para bien o para mal. En el otro caso, lo hace la computadora. Sólo eres un programador que se sienta a la bartola tras haber pulsado tecla X y control C. El resto lo hacen los bytes. No tú. Has dimitido de tu función de creador artístico.

El Arte es más que matemáticas o diseño. Es tortuosa pasión que brota de los interiores de tu espíritu. El alma, si quieres verlo desde un ángulo místico. Conseguir mezclar colores, darles dimensión en el lienzo o papel, obtener esos resultados sin que medie un programa de por medio, es talento. Cosa que, por mucho que sus defensores digan, no logra ningún photoshop. Eso es producción industrial. Fabricar neumáticos.

En fin. Sumemos a Kelly en la siniestra lista de autores recientemente fallecidos.