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| ¡Atentos a la cabalgada del valkirio Carmino Burano! |
¿Os habéis parado a pensar qué agotador
AGOTADOR debe ser para una persona
ser perfecta, tener siempre la razón de todo-y-en todo, vigilando VIGILANDO
desde la alta cota donde su moralidad suprema le ha instalado, pedestal donde
se percha a mirar a los mortales imperfectos, esperando que nos hiera su
sentencia, que cae como águila de acero para destrozarnos, castigando nuestras
humanas deficiencias y faltas?
Pero ¡qué CONCEPTO de sí tendrá esta persona a cambio! Una mirada al espejo
(caso de que alguno soporte su reflejo), y se enamora rendidamente de sí mismo;
no necesita más compañía, y el canoro sonido de su inextinguible voz, llena de
ricos argumentos argénteos con los que atizar a los autores imperfectos,
socavando su moral con apreciaciones hirientes, fluyendo sin cesar por sus
esculpidos labios, hace todo cuanto precisa para subsistir.
Erudito en todos los campos, por supuesto
y por ende, dominará la filosofía y la ética como ninguna escuela, clásica o
moderna, lo haya hecho jamás. Y qué consejos prodigará, profundos, sabios,
reflexivos, semejante persona
perfecta.
No es así Sir Dramae Personae, que, como
veis, encarna las virtudes opuestas del paladín clásico. Su cubo-casco carece
de ranura para los ojos (así no debe presenciar sus excesos o errores).
Dispuesto siempre a desfacer entuertos (¡si llegara a verlos!), su caballo, FACEBOOK, tampoco está por la labor. De
madera, con las ruedas torcidas, la cuerda que tira de él rota, ¿a quién ayuda
Sir Dramae Personae?
Hay tanto Sir Dramae Personae por ahí
suelto, clavado siempre en el mismo sitio...
Vuestro Scriptor.